Hoy hace un año que te fuiste. Y aunque tu recuerdo sigue en mí, patente, no puedo decir que te haya echado de menos. Hoy que no estás comprendo que algo no iba bien en ti y que hubo un día en el que dejaste de luchar contra aquello que te perturbaba. Lástima que dejaste de hacerlo cuándo solo tenía dos años, no te pude conocer. Ya hace un año que todos esos fantasmas te abandonaron, sentirás alivio.
Se que fui una de las personas a las que más quisiste, solo por eso intenté respetarte. En el fondo creo que yo, de algún modo, también te quise. Hoy, estés donde estés, si estás, debo recordarte de algún modo. Tu tumba está lejos de aquí pero tu recuerdo está y estará en mi para el resto de mi vida. Ese lugar que dejaste, inevitablemente, es imposible reemplazarlo.
Parta ti.
martes, 28 de septiembre de 2010
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1 comentario:
Siempre me han gustado los franciscanos por la visión tan Naif que tienen de Dios y de la vida: la naturaleza, los animalitos... todo lo ven desde una perspectiva cercana y casi colorista. La muerte no es ajena a esto. Recuerdo que hace mucho tiempo, un amigo religioso que pertenecía a esta orden me pidió que lo acompañara al funeral de un compañero anciano: me sorprendió que habían puesto en el convento carteles con una frase del Cántico de las Alabanzas, también conocido como Cántico del Hermano Sol, que decía "Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún hombre puede escapar". Esa cercanía y esa asunción tan natural del destino convierten a San Francisco, desde mi punto de vista, en un precursor de eso que tanto se dice ahora: que hay que aceptar que la muerte forma parte de la vida, igual que el dolor. Él incluso se atrevía a dar las gracias por ella...
Yo no lo veo así, para mí la muerte representa una pérdida irreparable y no creo en eso que llaman "vida después de la vida". Ya quisiera yo creer... pero no, no creo. Por eso la percibo con una visión más trágica que el santo italiano. Lo que sí creo es que la muerte, igual que la historia o el paso del tiempo, pone las cosas en su sitio, y permite observar los acontecimientos con una cierta perspectiva. Me encanta que escribas con ese equilibrio, con esa paz interior que te lleva a reconocer las circunstancias de esta persona, con independencia de las carencias que en ti hayan originado. Pero creo que es una reflexión muy tierna, muy humana, y si es así tu interior, debe de ser bastante bonito: tanto, que igual San Francisco te habría dedicado algunas palabras coloreadas :-)
Muchos besos, y para ti todo mi cariño en un día tan singular como éste.
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